Retablo de Nuestra Señora de las Nieves

Retablo de Nuestra Señora de las Nieves

Isidro Lorea (1740-1807). Madera tallada, pintada y dorada, Buenos Aires s. XVIII.

            De estilo barroco. En el ático, cuadrifolia oval circunscribe al Espíritu Santo sobre arcos de nubes con rayos expandidos.

En este Retablo se venera a:

Nuestra Señora de las Nieves

Madera tallada, 60 cm, alto del Niño, 29 cm, España, s. XVII y XVIII.

Imagen de la Segunda Patrona de la Ciudad de Buenos Aires, la más antigua de la ciudad y una de las más antiguas conservadas en el país. A su condición y a la celebración de rogativas y procesiones se refieren las actas y acuerdos capitulares del Cabildo desde los tiempos de la colonia. La más antigua encontrada, de 1611, menciona su patronazgo y convoca a efectuar el 5 de agosto la Festividad que le es propia. La veneración de la Santísima Virgen bajo esta advocación data del s. IV en Roma cuando un matrimonio romano, que pedía luz a la Virgen, recibió de Ella el pedido de erigir un Templo en el lugar donde aparecería milagrosamente cubierto de nieve el monte Esquilino. Esto ocurrió en la madrugada 5 de agosto (verano en Roma). La Fiesta se celebra el 5 de agosto.

 (A la izquierda del Retablo) Dos bajorrelieves de un conjunto de cuatro ubicados a ambos lados, de mármol de Carrara blanco y marcos grises del mismo material, Italia, S. XVIII, con representaciones de la vida de Cristo: La Adoración de los pastores, los campesinos con sus presentes rodean al Niño Jesús que yace en el pesebre, lo querubines sobrevuelan acompañando al Ángel que anunció el Nacimiento de Jesús; La Huida a Egipto, María sostiene al Niño sobre el asno, José paga tributo al barquero al pasar por Ascalón rumbo a Hebrón donde se ocultaron seis meses

El Cristo de la Agonía o de la Buena Muerte

Madera tallada y policromada, 160 cm, Misiones Jesuíticas, s. XVIII.

Se distingue por su factura y las expresivas desproporciones que caracterizan las obras de los artistas indígenas formados en las misiones jesuíticas. Tiene la cabeza inclinada sobre el hombro derecho, los ojos cerrados, la boca entreabierta; conserva la corona de espinas y el INRI originarios. En su emplazamiento original dispone de un sistema de roldanas que permiten elevar y descender la imagen para las Celebraciones de Semana Santa.