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 Numerosos medios (televisión, radio, diarios, revistas e internet) han publicado notas sobre San Ignacio.

Aquí podrán ver algunas notas

Año 2011

La música americana antigua
El grupo Capilla Cisplatina, de Gabriel Garrido, actuó en la Iglesia de San Ignacio.

Por René Vargas Vera | Sábado 03 de septiembre de 2011 | Publicado en edición impresa.

   En la iglesia más antigua de Buenos Aires, la de San Ignacio, se ofrece este segundo concierto del festival Nacional Música del Pasado en América, por el grupo Capilla Cisplatina, de Gabriel Garrido, y nuestros coros nacionales de Niños y Jóvenes.

     Es inédito este concierto. No solamente porque el ensayo general se realiza frente a los oyentes, porque ha llegado la hora del concierto. También por ubicar a orquesta y coro en el centro de la iglesia, entre los bancos cercanos al altar y los del fondo. Pero lo más desconcertante es que el programa de mano es una mera referencia de lo que se escuchará en esta gélida noche. Allí consta que se repasará el repertorio con el que los compositores de las misiones jesuíticas honraron a la Virgen María. Entre los creadores seleccionados figuran Juan de Araujo, Andrés Flores, Antonio Durán de la Motta, Roque Ceruti, Manuel de Mesa, Domenico Zipoli y Blas Tardío de Guzmán.
Todo parece claro y previsible. Pero dos hechos han de conspirar, inmisericordes, contra el éxito que merece el talento de los intérpretes solistas, de sendos coros nacionales y del grupo instrumental que asumió semejante esfuerzo. Uno es la caótica mezcla de temas, que elude por completo el orden fijado en el programa de mano y que es menester barruntar con paciencia china. El otro es la fatal reverberación del sonido. Si este mismo elenco de músicos hubiese ofrecido el concierto en una capilla con buena acústica, es segurísimo que la música habría alcanzado cimas de gloria. Como si esto fuese poco, la locución del presentador y los comentarios de Garrido, sobre todo al dirigirse al sector cercano al altar, se perdieron casi por completo para quienes estábamos ubicados en los bancos del fondo del templo.
Del mismo modo, al colocarse a los solistas del canto en idéntica dirección, las voces y la palabra se extinguieron en el momento mismo de ser emitidas. El arte de la adivinación que practicamos, perseverantes, quienes deseábamos disfrutar de este encuentro, tampoco logró develar tanta incógnita.
Sólo en los dos números finales, y como por arte de magia, se pudo apreciar mejor tanto las obras como su entusiasta versión. Fue el consuelo para una conjetural noche musical.
La elección de los templos para esta clase de conciertos es de capital importancia, para poder disfrutar en plenitud -con buena acústica- de la mejor música..

 

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